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miércoles, 19 de abril de 2017

Tiwanako. Antes de que los incas llegaran

Día 23 de febrero 

Siempre habíamos querido ver las ruinas de la ciudad de Tiwanako, capital del imperio del mismo nombre que alcanzó su apogeo entre el 500 y el 900 D.C. Un imperio misterioso que estuvo vigente durante 2000 años, sobre el que aún no se ha investigado mucho, pero del que algunos opinan que fue la base de muchas de las creencias de otros imperios posteriores, como los incas que los conquistaron. La impresionante Puerta del Sol tiene grabados que bien pudieran ser uno de los mejores calendarios astronómicos jamás creados. O tal vez algo extraterrestre. No podíamos dejar de pasar la ocasión, estando en La Paz, de hacer esta visita antes de seguir hacia Perú.
Luego os contaremos como llegamos a La Paz. Ahora vamos a hablar de Tiwanako. O Tiahuanaco como dicen otros.
Antigua estación de tren

Ya en Tiwanako, que es Patrimonio de la Humanidad desde el año 2000, tras comprar las entradas en lo que fue la antigua estación de tren, se puede visitar el museo que está enfrente o entrar directamente al recinto arqueológico que es lo que hicimos nosotros. Aunque no hay un plano, ni paneles informativos, es fácil seguir un camino circular en contra de las agujas del reloj para ir visitándolo.

Así, primero nos encontramos con las ruinas de la Akapana, una inmensa zona en forma de pirámide truncada de siete niveles, con un total de 18 metros y un perímetro de 800 metros, y en cuya cima se han encontrado restos de un templo subterráneo en forma de cruz pero que hoy no se aprecia prácticamente tras haber sido excavado por un español ávido de tesoros en el siglo XVII. Al menos nosotros no vimos más que un hueco de tierra irregular en el medio. Lo que si pudimos comprobar es que, como habíamos leído, la pirámide está orientada respecto a los puntos cardinales. La subida a la cima la realizamos por una pendiente donde se ven aún restos de una escalera de acceso. Era más una pendiente de arena que otra cosa. Porque toda la construcción se realizó poniendo piedra arenisca en los muros y rellenándolos después.
Akapana

De esta pirámide bajamos al siguiente espacio, el Kantatallota, un templo prácticamente destruido y semiexcavado que tiene como punto más interesante unas piedras con motivos geométricos. Es el espacio más alejado de la zona central excavada.


De allí, nos dirigimos al templo semienterrado donde se encontró una de las joyas de este recinto: el monolito Bennett o monolito Pachamama, que luego veríamos en el museo al salir. Este recinto tiene además un conjunto de pequeñas cabezas adosadas en los laterales de la pared. Su finalidad parece haber estado relacionada con las ofrendas, pero su situación, justo al lado de la puerta este del siguiente recinto, el Kalasasaya, puede haberle dotado de un significado astronómico relacionado con los solsticios cuando el sol se aparecía por una de las esquinas del templo en el de verano y por la esquina opuesta en el de invierno. La imagen que vimos en cualquier caso, tal vez porque está un poco más excavado y reconstruido, fue espectacular.


El siguiente espacio que vimos fue la base del Kalasasaya, con restos de ese ajuste de piedras tan perfecto que luego sería típico en las estructuras incas, pero que por lo que vimos aquí, ya era anterior a ellos. El recinto es cuadrado y en la parte superior, que está más aplanada, es donde se encuentran los dos monolitos que permanecen en el exterior y la famosa Puerta del Sol.

 
 
Esta puerta, que fue casi destruida por un terremoto y que al iniciar la excavación se veía partida, es la estrella del recinto. Esta hoy reconstruida para evitar ese desperfecto y se pueden ver muy bien los relieves de las cincuenta y dos figuras alrededor del motivo central, que se asemeja al Inti solar de los incas y por el que recibe el nombre de Puerta del Sol.
Parte trasera de la Puerta del Sol
Puerta del Sol
Y la estrella, el monolito Pachamama o Bennett . Para ver el monolito hay que entrar en el museo, que tiene también otras interesantes piezas, pero esta figura las eclipsa a todas, por sus dimensiones (más de 7m de altura) y por el detallado trabajo que se aprecia en él. Nos recordó a alguno de los mohai de la Isla de Pascua, por su postura y por alguno de los grabados que se pueden apreciar en su cuerpo.
Monolito de Bennett

Y ahora sí, os contamos cómo llegamos a este lugar tras haber pasado unos días en Sucre. Tomamos un autobús nocturno hacia La Paz. Un autobús que pasaba por Potosí, donde ya habíamos estado y a donde no sabíamos que íbamos a regresar de paso a La Paz. En fin, cosas de las rutas de autobús. El viaje fue una paliza y eso que era un "asiento semicama confort". Pero doce horas en un autobús son agotadoras. Menos mal que al llegar a las 8 de la mañana el hotel nos dejó instalarnos en la habitación y pudimos dormir algo.
Algunos autobuses de La Paz son muy pintones

Ya a mediodía, casi tarde, tomamos el autobús a Tiwanako desde la calle José María Asín con la calle Eyzaguirre. El trayecto dura una hora y media y nos dejó en el cruce de la carretera general con la entrada al pueblo de Tiwanako. ¿Por qué no entró en el pueblo y siguió ruta? Eso nos preguntamos aún nosotros y los otros seis viajeros que nos bajamos allí. Hay taxis esperando en el cruce para acercarte al centro del pueblo o a las ruinas. Así que debe ser habitual. Nosotros, como los demás, decidimos andar los escasos mil quinientos metros que nos separaban del museo donde está la entrada a las ruinas.
Llamas dentro de Tiwanako

En el camino se pasa junto a las ruinas de una nueva zona con una pirámide que han descubierto recientemente. De todos modos, viendo la maqueta y la información en el museo te das cuenta de que el gobierno boliviano no tiene el suficiente presupuesto para sacar a la luz este inmenso lugar que ocupaba la capital del imperio Tiwanako.

Para volver a La Paz, tomamos una minivan que salía enfrente del museo y que nos dejó en El Alto, un barrio de las afueras que se llama así por su situación en lo alto de uno de los cerros que rodean la ciudad. Desde aquí se pueden tomar autobuses o micros que bajan al centro, pero decidimos aprovechar la ocasión para montarnos en el teleférico que hace este trayecto. Fue rápido y cómodo. Hay que estar atento, ya que las cabinas paran primero a mitad de camino y si vas al centro debes quedarte dentro para completar el recorrido que te deja en la antigua estación de tren.


Sobre La Paz, poco os podemos contar porque elegimos ver Tiwanako en el día que estuvimos allí y sólo dimos un paseo nocturno por el mercado central y la plaza de San Francisco, aprovechando para ver la Iglesia al cerrar esta tarde.


Nuestra siguiente parada fue el cruce de la frontera de Bolivia con Perú, en Desaguadero, que fue una pequeña odisea.


Datos prácticos:


Cambio orientativo: 1€ = 3,5 bolivianos


Cómo ir a La Paz desde Sucre o desde Potosí: nosotros fuimos con Transportes Copacabana por 90 bolivianos por persona. Buen autobús. Nos dieron una pequeña cena y llegaron puntuales. Hay muchas empresas que realizan este trayecto. En la terminal de autobuses están todas. Es cuestión de preguntar y elegir.


Cómo ir a Tiwanako desde La Paz: salen autobuses cada media hora desde la calle José María Asín con la calle Eyzaguirre, en el barrio del cementerio. El trayecto dura una hora y media. Cuesta 10 bolivianos por persona. Para la vuelta, frente a la antigyua estación salen minivan. Hay que negociar el precio y dónde te van a dejar luego.

Entrada a Tiwanako: 100 bolivianos. Incluye el museo, que no hay que perderse para ver interesantes piezas de cerámica y el propio monolito de Bennett.

Teleférico: comunica El Alto y el centro de La Paz, con una parada intermedia, por 3 bolivianos por persona.

Alojamiento en La Paz: Hotel York B&B. Básico. Bien situado.



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