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jueves, 18 de mayo de 2017

Recorrido por Guanacaste

Días 30 y 31 de marzo

La zona noroeste de Costa Rica, la provincia de Guanacaste, es muy diferente del resto de la imagen verde que tenemos de este país. Predominan los pastos con ganado, que es su actividad comercial principal, y en sus playas se ha acomodado un incipiente turismo del norte de América en zonas exclusivas.

Sin embargo, esta zona es también rica en zonas naturales, que era lo que íbamos a descubrir en esta etapa. No por menos es Patrimonio de la Humanidad desde 1989. Y además es la única provincia del país que tiene el honor de tener bandera propia.


Nos dirigimos a la provincia de Guanacaste, la más oriental de las provincias de Costa Rica, tras haber visitado el Río Celeste. Y elegimos alojarnos en su capital, Liberia, y no en una de sus múltiples localidades con playa, para poder visitar primero la zona norte de esta provincia.

Guanacaste es importante a nivel histórico, pues fue aquí donde se libraron las últimas batallas del ejército de Costa Rica antes de su disolución. En concreto, para defender el país del intento de anexión de esta provincia por parte de la vecina Honduras. Unos días después, al acabar nuestro recorrido por el país, visitaríamos en Alajuela el Museo Nacional de Costa Rica donde nos hablaron de nuevo de estas batallas y del héroe nacional Juan Santamaría, oriundo de esa ciudad.
Iglesia Inmaculada Concepción de María

La localidad de Liberia, fundada en 1769, guarda cierto aspecto colonial de estilo francés y no español. Es conocida como la ciudad blanca por qué sus casas son de adobe encaladas y con tejas de terracota. Las casas más representativas de esta época están en la calle real, como la de la Casa de Cultura. No la pudimos ver por dentro (tiene el Museo Sabanero dedicado al mundo ganadero) porque abre después de las once de la mañana y queríamos ir a ver los Parques Nacionales. En la plaza se halla la moderna y muy blanca Iglesia Inmaculada Concepción de María que, honestamente, parece fuera de lugar rodeada de casas antiguas.


El primer día lo dedicamos a visitar el Parque Nacional de Guanacaste, formalmente "Área de Conservación Guanacaste", al norte de Liberia. Es un sitio Patrimonio de la Humanidad desde 1999 y aunque comprende varios parques, nosotros fuimos a ver el Parque Nacional Santa Rosa. El acceso a las zonas más internas y cercanas a las playas de este parque solo se permite en vehículos 4x4 (y con mucha potencia, según nos dijeron los guardas), por lo que no pudimos llegar con nuestro pequeño coche.

Vista desde el Mirador

En el camino al Centro de Visitantes, nos detuvimos en el Mirador de las Tierras Emergidas para ver las montañas cercanas, que son uno de los pocos vestigios de la plataforma terrestre más antigua de toda América, del periodo Cámbrico, cuando emergieron de las aguas.


En el camino avisaban de la presencia de animales en el camino. Pensábamos en animales grandes, pero nos cruzamos poco después con una iguana y con algún lagarto de grandes dimensiones. No faltaron a su cita las oropendolas crestadas que luego veríamos frecuentemente en todo Guanacaste. Tampoco los monos araña. Ni alguna mariposa disimulada en la corteza de árboles.



Un poco más adelante llegamos al Centro de Visitantes, que es la reconstrucción de la Casa-fortín donde se libró la batalla que dio la victoria al bando costarricense frente a los hondureños.

Otras zonas de este Área de Conservación son, por ejemplo, el Parque nacional Rincón de la Vieja, el Refugio de Vida Silvestre Iguanita, el Refugio de Vida Silvestre Isla Bolaños y el Refugio de Vida Silvestre Bahía Junquillal.

Después de esto nos dirigimos un poco más al norte, a la Playa de Cuajiniquil por un camino que sale de la 937 a la derecha. Nos habían dicho que era una playa maravillosa y que con suerte podríamos ver tortugas. Después de casi dos kilómetros por una pista de tierra desde el pueblo, llegamos a la playa. Que estaba desierta y que, bueno, maravillosa no era a nuestro parecer. Tampoco había tortugas. Así que después de estar un poco disfrutando de ella, volvimos al hotel.


Al día siguiente, nos dirigimos a recorrer la zona oeste y sur de esta provincia, famosa por sus playas exclusivas, que se ha convertido en uno de los destinos preferidos por gente de Canadá y USA. En una hora y media llegamos a la playa de Tamarindo, una playa blanca y extensa llena de hoteles y resorts con salidas a la playa directamente. Tuvimos suerte de aparcar el coche justo en la misma playa, por lo que aprovechamos para sentarnos en una de las terrazas cercanas en la misma playa y tomar unos jugos tropicales muy ricos.


Queríamos haber visitado alguna playa más de esta zona, pero como ya nos habían contado, los accesos a algunas de estas playas están, o bien controlados por ser propiedad privada, o bien por necesitar vehículos 4x4, o bien por ser solo accesibles por barco. Es lo que tiene querer llegar a una zona exclusiva.

Puente de la Amistad de Costa Rica con Taiwan

Continuamos vía Nicoya y el Puente de la Amistad de Costa Rica con Taiwán construido en 2003, que evita tener que usar un transbordador para cruzar el golfo de Nicoya. El nombre lo toma porque fue financiado por el Gobierno Taiwanés y construido por una empresa taiwanesa (qué cosas se aprenden visitando estos países), llegamos al atardecer a Puntarenas, donde estaríamos en la siguiente etapa para intentar hacer buceo o snorkel en Isla Tortuga.



Datos prácticos:

Cambio orientativo: 1 € = 615 Colones costarricenses. También se admiten los dólares USA como medio de pago.

Alojamiento: Hotel Liberia. Es una casita colonial con patio muy agradable. Las habitaciones eran muy raras: con una ventana muy arriba en la pared y con el baño dentro de la habitación separado por un tabique que solo llegaba a media altura de lo alta que era la habitación y con la puerta al patio comedor por lo que había cierto ruido por las mañanas. En conjunto, era una habitación poco cómoda. Sin embargo, el restaurante del hotel donde tomábamos el desayuno estaba muy bien y barato, por lo que lo elegimos para hacer alguna comida más.

Comida: en el restaurante pedimos arroz con carabineros que, por el nombre, nos recordaba al rico arroz que nos prepararon en Camaná. Pero no era lo que habíamos pensado sino presentado en forma de tazón y con el marisco preparado. Rico, pero diferente a lo que pensábamos. El casado, sin embargo, estaba delicioso.

Transporte: aunque nosotros fuimos a Liberia en coche de alquiler, se puede llegar en autobús, tren o avión, desde San José, siendo este aeropuerto el segundo con más tráfico en Costa Rica, casi ya en paridad con el de la capital al ser más moderno y más barato y por ser el más usado por los estadounidenses y canadienses para ir a sus lugares de veraneo.
Los autobuses de Pulmitan desde San José salen desde la calle 24 esquina con avenida 5 y 7, todos los días desde las 06:00 hasta las 20:00 cada hora y tardan casi cinco horas en recorrer los 217 kilómetros que los separan. Cuestan algo menos de 10 dólares por trayecto.

Entrada al Parque Nacional Guanacaste: 15 dólares, pero es gratis si no llegáis a las playas y solo veis la casa-fortín desde fuera sin ver el Museo, como fue nuestro caso. No hay autobús. Para llegar al parque es imprescindible coche (el tuyo o uno privado contratado en Liberia).

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